En el mundo de la empresa estamos muy acostumbrados a manejar conceptos como gestión del tiempo, planificación de tareas, organización de proyectos, manejo positivo del estrés… Acompañados de cooperación, confianza, disciplina, responsabilidad, inteligencia emocional, gestión del cambio…
Cuando alguien accede al mundo laboral, son valores/aptitudes que se presupone que el profesional posee. Pero la realidad es muy distinta. Deben pasar muchos años y muchas horas de formación para que el trabajador adquiera estas habilidades.
No son aspectos formativos que se aborden en ningún grado o licenciatura, tal vez en algún máster especializado. Son temas que la enseñanza universitaria deja a un lado o pasa sobre ellos de puntillas. Entonces, ¿por qué exigimos algo para lo que no preparamos? ¿Qué sensación tienen las personas que se incorporan a una empresa y les hablan de planificar, distribuir o delegar?
En el mundo de la empresa, al que pertenecemos, no existe tiempo para dilatar la adquisición de estas herramientas. Se suelen aprender, desafortunadamente, a marchas forzadas, sin que podamos asimilar bien los conocimientos, sin que la práctica ratifique y asiente la teoría, sin que un experto sénior guíe al educando.
Bien es verdad que los programas de formación que se proponen son muy ambiciosos y sus pretensiones son muy elevadas pero, la realidad nos dice que no se asimilan todos los planteamientos que se incorporaron en su diseño. Muchas horas de planificación que se desperdician.
Un buen número de profesionales siempre nos hacen los mismos comentarios: “Si esto yo lo hubiera sabido antes…”. “En vez de tanta…, si me hubieran enseñado a diseñar un proyecto”. “Muchas asignaturas pero poca relación con la realidad. Es mejor saber gestionar el tiempo que elaborar trabajos sin sentido”. La lista es bastante extensa.
En el mundo de la educación, al que también pertenecemos, estos temas son totalmente desconocidos. Los programas formativos hacen hincapié en los conocimientos (los mismos durante décadas) e ignoran las habilidades. Si a cualquier alumno le preguntáramos cómo organiza sus exámenes o cómo desarrolla un esquema o resumen de un tema, la respuesta será la obvia: como siempre. Es decir, de ninguna manera. Las generalizaciones siempre son perversas pero en este caso nuestra experiencia ratifica los datos.
Y aquí aparece ÁpeironTeam.
Nos planteamos: ¿por qué no trasladamos al mundo de la educación y la formación la realidad del mundo empresarial que bien conocemos? Si sabemos, por nuestra propia experiencia, lo que las empresas piden (y en muchos casos, exigen), podemos comenzar a preparar a los futuros profesionales desde sus distintas etapas educativas.
Mapas mentales, organización de agendas, planificación de proyectos, técnicas de estudio, gestión del estrés, dirección de reuniones… son herramientas que en un medio plazo estas personas incorporarán al día a día. ¿Y si lo pueden hacer en bachillerato? ¿Y si lo hago en los primeros cursos universitarios? ¿Y si usamos los mapas mentales para planificar las asignaturas? ¿Y si aprendemos a controlar el estrés para superar satisfactoriamente pruebas como la PAU? ¿Y si analizamos y descubrimos por dónde se nos escapa el tiempo diariamente?
Para nosotros, responder a todo lo anterior era muy sencillo: formación.
Pero no lo demoremos, comencemos ya. Los beneficios se van a comprobar en las primeras pruebas y exámenes. Los alumnos van a cambiar la manera de relacionarse con sus estudios (“su trabajo”, en definitiva). Todo esto les va a proporcionar una confianza en lo que hacen que antes no tenían. Este camino tiene una única dirección: el éxito.

